Hablemos de la traducción

•6 septiembre, 2011 • Dejar un comentario

«[…] y no por esto quiero inferir que no sea loable este exercicio del traduzir porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le truxesen.»

Miguel de Cervantes

Aplicando el rigor histórico, probablemente podríamos decir que «el oficio más antiguo del mundo» es la prostitución. No obstante, justo después de satisfacer su instinto sexual fuera de la cueva conyugal es muy probable que el cavernícola de turno se viese en la necesidad de relacionarse con alguna tribu cuyo lenguaje comunicativo le fuese ajeno. Ojo avizor estaría algún trujamán primitivo que resolvería la papeleta al lujurioso troglodita, seguro.

Y es que la mediación intercultural es tan necesaria ahora como lo era en la Prehistoria: allí donde haya interlocutores que deseen relacionarse y que, sin embargo, no compartan una lengua, serán precisos los traductores e intérpretes. Pero, ¿qué hacen realmente estos extraños bichos que normalmente encontramos en jaulas de cristal al fondo del salón de conferencias o sentados ante un ordenador hora tras hora?

El traductor, idealmente, será una persona que cuente con un conocimiento profundo no solo de su propia lengua y de la lengua extranjera, sino también de las culturas representadas por estas. Esto es fundamental y diferencia al traductorcillo del traductorazo. Podrá usted diferenciar a un traductor por lo pesado que es con tildes, mayúsculas y preposiciones – para muestra un botón, aquí tienen una bitácora dedicada precisamente a ello.

El intérprete es harina de otro costal. A la insistencia enfermiza sobre las normas ortotipográficas se unen otras características más relacionadas con la propia personalidad. Algunos afirman que un intérprete no es más que un traductor que desarrolla su actividad de forma oral, y no por escrito. En mi opinión, para interpretar hay que tener otro carácter. Mientras que el traductor de pro disfruta de la soledad y de la tranquilidad, el intérprete es un yonqui de la adrenalina que le produce salir al ruedo a capear a los miuras que, casi siempre, son los ponentes – el que no se pierde en sus propias digresiones habla para el cuello de la camisa o lee un farragoso discurso que, sorprendentemente, ha logrado meter en una presentación de PowerPoint.

Muchos profesionales combinan ambas actividades, traducción e interpretación y de hecho, en mi opinión, es lo ideal. La traducción permite investigar y revisar hasta atinar en la equivalencia más cercana entre la lengua de partida y la de llegada. La interpretación nos enfrenta cruelmente a nuestras carencias lingüísticas. En todo caso, el profesional de las lenguas necesita estar en constante formación, conocer los nuevos términos y profundizar en los diferentes registros de la lengua. Debe entrenarse de forma constante y estar al día de los temas que pueden surgir.

Tiene razón Cervantes en que «en otras cosas peores podría ocuparse el hombre», siempre es mejor pedir que robar, pero no menosprecie el papel de un traductor/intérprete. Mire donde mire está rodeado de traducciones. Somos muchos, sabemos donde vive.

_______________________

Visite mi página web: http://www.lapiedrarosetta.com

Sígame en Twitter: @lapiedrarosetta

Hablemos de políticos políglotas…

•30 marzo, 2011 • 3 comentarios

Las denostadas redes sociales en ocasiones tienen su utilidad. Acabo de entrar en Facebook y me he encontrado una grata sorpresa: me han colgado en el muro un vídeo interesantísimo que ha provocado comentarios de varios de mis contactos. En seguida he pensado en compartirlo en esta bitácora para suscitar así también la reflexión entre los lectores.

En el vídeo en cuestión aparece la lideresa, Esperanza Aguirre, conversando con Richard Vaughan en el programa de televisión de éste. Para aquellos que no lo conozcan aún, les animo a visitar su página web. En el programa, Mr Vaughan suele invitar a un par de estudiantes de inglés a los que pregunta la lección. Esta vez, una de las invitadas es Mrs Aguirre.

Ya conocía la habilidad de la Presidenta, pero nunca había tenido la oportunidad de oírla. He de decir que su acento es excelente y que, efectivamente, se expresa con fluidez en la lengua de Shakespeare. Cosa aparte es su discurso sobre la educación pública bilingüe, que dejaremos para otra ocasión.

Si no me equivoco, Espe es de las pocas figuras políticas que hablan inglés, la lengua de comunicación internacional. ¿No es triste? ¿No es vergonzoso? Si nuestros representantes políticos han de velar por nuestros intereses, ¿no deberían ser capaces de negociar por sí mismos con sus interlocutores?

Es cierto que estoy tirando piedras contra mi propio tejado y que, si todos los españoles hablasen inglés, servidora, intérprete de profesión, se quedaría a dos velas. Afortunada o desgraciadamente, creo que llegaré a la jubilación (a los 68 años, ya saben) sin que me falte trabajo. Esta misma semana comentaron en las noticias un estudio europeo que revelaba que en España se habla inglés poco y mal. Solo superamos a turcos y griegos.

¿Por qué? ¿Será por la industria de doblaje que nos impide oír la voz de los actores de Hollywood? ¿Será por el sistema educativo que Esperanza pretende reformar? ¿Será porque somos unos cafres?

Les ruego que acudan a ver el vídeo (pinche aquí) y que compartan sus impresiones conmigo y con el resto de los lectores.

 

Hablemos de solo… sin tilde

•23 marzo, 2011 • 3 comentarios

Señoras y señores, sí, me he rendido. La guerra contra la nueva ortografía de la RAE que se funde la mayoría de las tildes diacríticas está prácticamente perdida y yo, que en el fondo soy una vendida, me bajo del barco antes de la batalla final.

No crea el lector que esta ha sido una decisión poco meditada, todo lo contrario, ha suscitado interesantes discusiones con varios colegas que han tenido a bien compartir su opinión conmigo y yo, ahora, las comparto con ustedes, a ver qué reflexiones pueden aportar al debate.

Una compañera traductora me decía que se declaraba en rebeldía contra la norma de la Academia porque “de alguna manera se tendrá que diferenciar al pueblo llano de los profesionales de la lengua”. Y es que según su opinión – que fue la mía durante un tiempo y que plasmé en esta bitácora – el conocimiento profundo de las normas ortográficas distingue a los traductores, filólogos y lingüistas de la plebe, y si esas normas se simplifican, ya no existirá tal distinción.

Explicándole esta postura a otro colega, en la profesión desde hace más de 30 años, entendí que estaba equivocada. Efectivamente, es el conocimiento de las normas ortográficas lo que nos diferencia a los expertos del público lego, pero debemos estar al tanto de las últimas novedades y no enfrascarnos en aquello que nos resulta más cómodo. Si la RAE decide que solo ya no lleva tilde, pues debemos dejar de ponerla. Hacerlo sería propio del desconocedor de la norma y no demostraríamos, como profesionales de la lengua, estar enterados de las normas vigentes.

Es cierto que en algunos casos no poner la tilde da cargo de conciencia, porque la ambigüedad puede llegar a ser tremenda, pero hemos de reconocer que no suele suceder con frecuencia. Ahora afirmaciones como «el delincuente perpetró cinco actos delictivos solo» habrán de ser reformuladas para no dejar al lector in albis.

Pero esto es como cuando la DGT establece el límite de velocidad en 110 km/h: se puede o no estar de acuerdo, pero no respetar la norma sería propio de necios e imprudentes. Y ya me dirán ustedes, pero yo no me considero necia, y mucho menos imprudente. Como siempre, les animo a discutir y comentar la entrada. Me interesa especialmente su opinión sobre este asunto.

– – – – – – –

Visite mi página web profesional: http://www.lapiedrarosetta.com

Hablemos de comillas

•3 marzo, 2011 • Dejar un comentario

No sé muy bien cuándo las comillas se pusieron de moda, y no hay cosa más horrorosa que unas comillas mal puestas. De hecho, yo diría que son el signo de puntuación más revelador de la personalidad del que escribe. Y es que unas comillas mal puestas pueden indicar que estamos ante un autor vago, poco valiente o incluso desconocedor de las nuevas normas ortográficas.

En primer lugar permítame el lector de esta bitácora defender el uso de las comillas castellanas o angulares (« »). Según la RAE «se recomienda utilizar en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deban entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado». No son fáciles de encontrar en un teclado de ordenador, no señor, pero los patriotas que nos empeñamos en usarlas nos hemos buscado nuestros truquillos: utilice la combinación de teclas Alt+174 y Alt+175 para apertura y cierre respectivamente.

Todos conocen el uso de las comillas para la reproducción de citas textuales, tal y como se han usado en el párrafo anterior con la norma de la Academia. Y en ese caso lo suelen hacer bien, excepto cuando llega el final de la frase, que no se sabe si poner el punto dentro o fuera – quien dice punto, dice signo de interrogación o exclamación de cierre. El texto entrecomillado tendrá su puntuación independiente, así que no se extrañen si encuentran semejante sucesión de signos:  ?». No obstante, no se emocionen, porque con el punto esto no vale, o va dentro, o va fuera.

Hasta ahora, y según la versión online del Diccionario Panhispánico de Dudas, se podían encerrar también entre comillas vulgarismos, voces extranjeras o títulos de películas y también para marcar el uso metalingüístico de algún término. Pues bien, en la nueva ortografía – sí, ésa que odio porque me quita todas las tildes – recomienda el uso de cursiva en lugar de comillas en todos estos casos. Y es que queda mucho más discreto, no me digan que no.

De hecho hace no mucho me tocó revisar la traducción de un texto cuyo original estaba plagado de comillas sin justificación ortográfica alguna. El pobre traductor que escribía en inglés no sabía si pegarse al horroroso hábito del autor del texto original o ir por libre. Al final tomó la decisión acertada, y dejó las comillas – dobles, por cierto – donde las tenía el original. Y es que los traductores no somos más que mediadores y no debemos mejorar – y tampoco empeorar, por supuesto – los textos en español que nos mandan traducir. Quede constancia, no obstante, de que a veces dan ganas de mandarle al cliente su texto en español corregido, con rotulador rojo, claro.

Y es ahí donde se encuentra la fuente de mi queja al comienzo del presente artículo. Son especialmente molestas esas comillas bobas, sin ninguna justificación, que se colocan por ser moderno o vaya usted a saber por qué extraño motivo. Me refiero a cosas como: «Estoy un poco “pachucha”. » ¿Entre comillas, por qué? Si estás pachucha, pues lo estás, no hay que ponerlo entre comillas, mujer.

En fin, que sean ustedes valientes, que no se escuden en los signos de puntuación para atenuar el efecto de sus palabras, y menos en las comillas, que son una horterada y quedan fatal, como pelos despeinados en las cabecitas de las frases.

Hablemos del lenguaje sms

•25 agosto, 2010 • 3 comentarios

Vuelvo después de algún tiempo de ausencia cibernética para criticar duramente a las generaciones venideras. Lo siento, mi confianza en la nueva savia se ha agotado. Algunos se reirán de mi ingenuidad y de esa esperanza naif que tenía yo en los bachilleres españoles. Pues bien, tras un intenso verano de relación directa y diaria con alumnos que se preparan intensamente – o quizás no tanto – para la convocatoria de septiembre del examen de Selectividad he de reconocer que la guerra está perdida.

Me he encontrado con sinenvargos y cerbantes que “no son tan graves, porque lo que cuenta es la idea”. Lo que cuenta es la idea, sí, pero si te llamas Joaquín Narváez y firmas como Joaquin Narvaez no mereces más que un cero patatero. Y esto es así de toda la vida. No comprendo por qué diabólico proceso hemos pasado para que los profesores de Lengua ya no consideren falta grave la ausencia reiterada de tildes. Recuerdo que allá por tiempos de maricastaña, cuando quien escribe se presentó a Selectividad, tres tildes mal colocadas suponían un suspenso directo, o al menos eso nos decían. Digo tildes como podría decir haches, uves y demás dificultades ortográficas.

Y me pregunto, ¿acaso tanto tuenti y tanto caralibro les ha dejado medio lelos? Comentando esto mismo con algunos colegas y amigos, llegamos a la conclusión de que todo esto comenzó con la proliferación de las armas de destrucción masiva, los teléfonos móviles – que no es que sean móviles sino portátiles, pero en fin. Efectivamente, colaboran en la destrucción masiva de la cultura. Los chavales están tan acostumbrados a abreviar que ya no saben a qué palabra corresponde la abreviatura. No saben diferenciar el ámbito académico del personal y, así, en los exámenes escriben ke y se quedan tan a gusto.

Y es que los referentes a los que acuden nuestros adolescentes no son precisamente promotores de la cultura. Los niños encuentran su modelo en musculados colaboradores – que laborar, lo que se dice laborar, laboran lo justo – cuyo mensaje es tan pobre que dan ganas de mandarlos de vuelta a la escuela, si es que en algún momento pasaron por allí. Ellas, por su parte, aprenden de los programas de televisión que lo importante es estar mona, que pensar es de aburridas.

¿Hay salvación para estos corderos perdidos? Ya me dirán ustedes su opinión, pero yo lo veo muy negro.

Hablemos de “a nivel de”

•4 junio, 2010 • 48 comentarios

En esta época de exámenes y presentaciones orales, aprovecho para escribir un artículo que venía haciendo falta. Existe una serie de expresiones que todo quisqui introduce con calzador en sus discursos escritos u orales. Por supuesto, la culpa es de los medios de comunicación que últimamente no hacen más que difundir incultura. Su desatino en temas lingüísticos viene de largo y no estaría de más que alguien tomase el relevo del maestro Lázaro Carreter y atinase con sus dardos a los periodistas díscolos.

La última que oí hace poco fue estoy sudando la gota fría y me dieron ganas – una vez más – de emigrar a mi querida Alemania. Ni siquiera los programas que intentan poner orden en este sindiós consiguen aclarar las dudas de los oyentes correctamente. Precisamente esta mañana estaba escuchando la Unidad de Vigilancia Lingüística del programa Hoy por Hoy (Cadena Ser) y un radioyente denunciaba el laísmo en ” A la pequeña abeja la llamaron Maya”. A ver qué piensa el lector de esto, pero en mi opinión ese la es un complemento directo claro y Maya un predicativo.

Volviendo al tema que nos ocupa, creo que el presente artículo será de utilidad, no sólo para los estudiantes, sino también para aquéllos que se vean en la tesitura de tener que redactar informes o hacer presentaciones en el ámbito laboral. Ajustarse a la norma lingüística produce una profunda satisfacción, aunque no siempre el merecido reconocimiento.

La palma se la lleva “a nivel de”, que se extiende como la peste. ¿Cómo es posible que Lázaro Carreter denunciase su uso incorrecto ya en 1975 y que sigamos erre que erre? Defiende el maestro en su Dardo en la palabra que esta expresión importada del inglés por los tecnócratas no habrá de usarse más que en la expresión “a alto nivel”. En todas las demás ocasiones podrá siempre sustituirse por una preposición o construcción del español.

Es también frecuente comenzar las oraciones por infinitivo, sin verbo introductor (por ejemplo, decir que las características de un plan de marketing...) Siempre será necesario colocar un verbo conjugado antes de este infinitivo. En el ejemplo anterior, es necesario decir, cabe decir, etc.

Horroroso error es el gerundio utilizado en exceso. Sólo habremos de usar esta forma impersonal del verbo cuando expresa simultaneidad, por ejemplo, Luisa se fue cantando. Es erróneo, por tanto, usar el gerundio en expresiones como España cuenta con varios aeropuertos internacionales, destacando el de Barajas.

Para concluir y mantener los artículos con una longitud que invite a la lectura me gustaría hacer una última recomendación que estoy viendo con frecuencia en escritos universitarios, y es que jamás escribimos coma entre sujeto y predicado. Si bien es cierto que se hace una pausa natural entre ambos elementos sintácticos, no habremos de marcarla gráficamente.

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar las expresiones mencionadas sobre estas líneas con corrección.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

Hablemos del aprendizaje lenguas extranjeras

•20 mayo, 2010 • 4 comentarios
“El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que ha aprendido.”
Carlos V
Al toparme con esta cita del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico no daba crédito. Conocía el dato de su plurilingüismo, pero no su preocupación por el aprendizaje de lenguas. Carlos V vivió en la primera mitad del siglo XVI y en el XXI todavía tenemos la misma asignatura pendiente. No hablaré de estadísticas, que para eso ya están los numerólogos, sólo de mi experiencia y de lo que cualquiera puede experimentar viajando a países no tan lejanos. Dése una vuelta por Europa y llore al comparar el nivel en lenguas extranjeras de nuestros escolares  con el de los oriundos.
Desde tiempos de Carlos V, las iniciativas políticas en favor de la cultura han sido claramente insuficientes. Es irritante comprobar cómo los políticos se cuelgan medallas individuales y nos son capaces de llegar a un acuerdo que suponga la educación bilingüe de nuestros niños desde la más temprana edad. Convendrán conmigo en que de entre otras muchas reformas  necesarias del sistema educativo ésta es sin duda la más urgente.
No obstante, los ciudadanos se han puesto a trabajar y han conseguido cierto progreso en esto de las lenguas, al menos en el inglés, que no es poco. Existen, cada vez más, herramientas que facilitan la tarea al estudiante motivado. Hablaremos en este artículo de algunas formas de integrar la lengua, especialmente la inglesa, a nuestra vida cotidiana para aprender de forma constante y sólida.
Puede parecer una obviedad pero algunos no conocen el botón DUAL del mando de la televisión. Mientras que el del volumen está desgastado – ¿han notado ustedes la diferencia de volumen entre unas cadenas y otras o entre la programación y la publicidad? – el DUAL se lee con absoluta claridad. Cuatro ofrece todas sus series en versión original, y también Televisión Española. Las demás cadenas las controlo poco, pero creo haber visto alguna película en V.O. en Telemadrid.
Para los internautas, existen algunas páginas web que ofrecen series estadounidenses e inglesas en versión original subtitulada. La más conocida es seriesyonkis, pero existen varias. No es necesario descargarlas, pinche sobre el enlace screening para visionar directamente.
Existen también varias publicaciones en papel que nos echan una mano en este asunto que nos ocupa. Speak up es de las veteranas: un CD de audio, un DVD con una película – más o menos actual – y la revista con artículos para diferentes niveles a unos 20€. Si van al kiosco encontrarán, sin duda, muchas más. Anden también atentos cuando salgan por el centro (de Madrid, en mi caso) porque también existen periódicos dirigidos a turistas y extranjeros que viven en España que se pueden adquirir de forma gratuita en cafeterías y restaurantes.
Para los que se duermen en cuanto se sientan en el sofá pero pasan horas en los atascos madrileños, la opción idónea es Vaughan Radio (87.9), especialmente pensada para alumnos de inglés, puesto que se emiten clases reales.
Por último, la forma más entretenida  y enriquecedora de aprender: contactando con nativos. Muchos se preguntarán “¿y dónde conozco yo a un nativo?” Hay miles de formas, cada vez más. Aparte de las numerosas redes de Internet, se ha importado a España el concepto tandem. Muchos extranjeros ponen anuncios en universidades y otros centros educativos ofreciendo enseñar su idioma a cambio de clases de español. Las reuniones se pueden tomar con mayor o menor seriedad: desde sentarse en la biblioteca a hacer ejercicios hasta quedar en un bar para tomar unos mojitos mientras se habla de la reproducción de la oruga de campo.
También hay cafeterías y asociaciones que organizan reuniones. Por vivir en Madrid, conozco las de mi ciudad, pero entiendo que existirá un fenómeno semejante en cualquier otra urbe. Copio las referencias al final del artículo.
En estos tiempos en los que los políticos poco hacen por la sociedad, será el propio ciudadano el que deba preocuparse de adquirir la formación necesaria para ser un profesional competitivo internacionalmente. Por eso, lea en inglés, escuche música estadounidense, vea Perdidos en versión original con subtítulos, porque… yes, we can!
– Pub O’Neills (c/ Príncipe 12, metro Sevilla) > todos los martes a cargo de Multilinkual.
– Olé Lola (c/ San Mateo 28) > todos los martes con la colaboración de Vaughan Systems.
– Café Madrid (c/ Escalinata s/n) > todos los miércoles a cargo de Madrid Babel.
– The Quiet Man (c/ Valverde 44, metro Tribunal) > todos los domingos (a partir de las 19:00) a cargo de Madrid Babel.
Grupo de Hello Lola en Facebook: http://www.facebook.com/#!/hellolola?ref=ts
VaughanRadio online: http://www.vaughanradio.com/
 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.