Hablemos de los pronombres personales átonos

“Las lenguas siempre tienen veneno que propagar.”

Jean-Baptiste Poquelin (Molière)

Dice el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD – http://www.rae.es) que “los pronombres personales átonos son aquellos que funcionan como complemento verbal no preposicional (Ya te lo he dicho) o como formante de los verbos pronominales (Ahora me arrepiento)”. Sus formas son me, te, se, nos, os y lo, la, los, las, le, les. Con el primer grupo, en principio, no surge ninguna dificultad, al menos para el hablante nativo. Aparecen las dudas, sin embargo, ante el segundo grupo, los pronombres correspondientes a la tercera persona. Hablamos, por tanto, de leísmo, laísmo y loísmo.

La culpa la tienen los hablantes de la Edad Media que, a pesar de tener entre manos la inmensa responsabilidad de cargar con la evolución temprana del español, se dedicaron  a otros menesteres de carácter más bien bélico y se inclinaron por dar más importancia a la diferencia entre masculino y femenino, por un lado, y entre cosa y persona, por otro. No obstante, durante la Reconquista, el fenómeno no estaba suficientemente extendido como para instalarse en la norma andaluza y tampoco caló en el español atlántico.

Por tanto, estos fenómenos están más o menos extendidos dependiendo de la región geográfica que consideremos. No olvidemos que el español es la segunda lengua más hablada globalmente por número de personas que lo tienen como lengua materna y que los españoles y castellanos somos una reducidísima minoría. Precisamente el leísmo, quizás el fenómeno más extendido y tolerado, se circunscribe a la zona central de la Península, a Castilla. Por tanto, si el presente artículo no le pareciese esclarecedor al lector, siempre podrá acudir a un conocido asturiano o mexicano que tendrá la diferencia entre el pronombre de complemento directo y el de indirecto clara como el agua.

Dicho esto, explicaremos, en primer lugar, qué diferencia existe entre el complemento directo y el complemento indirecto. En verdad, la propia denominación sintáctica ya nos da algunas pistas. Es indirecto aquel complemento que se vale de la preposición a (también para) para unirse al verbo (Di un ramo de flores a mi madre) y directo aquel que se une a éste directamente (Di un ramo de flores a mi madre). La duda surge cuando el complemento directo se refiere a una persona, porque la lengua es tramposa y los hablantes somos torpes. Al ser el CD una persona, aparece inevitablemente la preposición a liderando la conga y ya no sabemos si aquello es directo, indirecto o vaya usted a saber qué.

Por norma general (aunque no como truco infalible, porque en esto de la lengua dos y dos nunca son cuatro), siempre tiene que aparecer antes el CD que el CI. Es decir, que si el verbo lleva un solo complemento cabe pensar, con razón, que será CD y que, por lo tanto, habrá que utilizar los pronombres lo, la, los, las. Ilustremos la explicación con un breve ejemplo: Yo quiero mucho a mi padre. ¿Directo o indirecto? ¿Vemos algún otro complemento? No. Entonces será directo. Por tanto, yo lo quiero mucho. El lector castellano estará flipando en colores. Trate de recuperarse y continúe leyendo.

Si tenemos dos complementos, será indirecto el precedido por a. Ejemplo: Escribo cartas a mi novio. Le escribo cartas. Y si queremos utilizar dos pronombres, se las escribo, porque le y les cambian a se si detrás llevan lo, la, los, las.

Algún tozudo conquense podrá alegar que el leísmo es un fenómeno aceptado por la RAE. Es cierto, lo reconozco, pero ya hablaremos de la RAE y de sus decisiones lingüisticofestivas. No obstante, en este caso parecen justificarse en el uso de le – les como el dativo de nuestra lengua padre, el latín. El dativo, en general, equivale al complemento indirecto del español, pero no siempre. Por ejemplo, en latín, el verbo ayudar rige dativo (y esto se ve muy bien en lenguas que aún declinan, como el alemán – ich helfe dir), aunque el complemento que lleva es directo. Así, tiene justificación que digamos le ayudé, aunque lo verdaderamente correcto sería lo ayudé.

En cuanto al laísmo y el loísmo, nos basamos en los mismos preceptos expuestos sobre estas líneas. Sólo se utilizará el pronombre la cuando sustituyamos un CD femenino (la quiero mucho) y el lo, uno neutro o masculino (me lo dijo, lo conozco).

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar los pronombres personales átonos correctamente.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

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~ por lapiedrarosetta en 6 abril, 2010.

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