Hablemos de garaje y bricolaje

“Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.”

Gotthold Ephraim Lessing

Allá por tiempos de maricastaña, en primero de carrera, recuerdo andar con un rotulador permanente rojo por la calle corrigiendo faltas de ortografía. Sí, lo confieso, era un comportamiento obsesivo-compulsivo propio de la rebeldía juvenil. Hablando en plata: era friki, pero me estoy quitando.

Sin duda, la falta que más corregí fue ese garage que pronunciado en francés suena tan glamuroso, pero que leído en español desintegra la córnea. Puede consultar la norma concreta en la Ortografía de la RAE (véase el enlace al final del artículo), pero ésta reza más o menos así: se escriben con J todas las palabras terminadas en –aje o –eje. Las excepciones son pocas y raras.

Estas palabras son de uso tan común que ya no las percibimos como préstamos lingüísticos, pero lo son. Concretamente éstas provienen del francés, pero también hemos interiorizado préstamos del inglés (fútbol, penalti) y de otras muchas lenguas. Tomar prestado no está mal si los conceptos que se incorporan a la lengua propia no existen en ésta. Lo innecesario y antipatriótico (ahora que el adjetivo se usa como insulto), es ir hablando en extranjero cuando el español cuenta con una riqueza léxica maravillosa, labrada a lo largo de los siglos.

Por esta misma regla de tres, los préstamos han de españolizarse o adaptarse a la grafía española. ¿Por qué? La razón más práctica es beneficiar al propio hablante español, que se encontrará perdido y sin rumbo a la hora de escribir una palabra extranjera. Si no se lo cree, ande atento y busque la palabra whisky escrita en vitrinas y menús. Yo ya he visto nuges de pollo (por nuggets), Haway (por Hawái) y, el clásico, sandwichs (por sándwiches). ¿Para qué complicarle la vida al hablante de español medio cuando se puede escribir beicon o clínex?

Muchos argumentarán que el beicon no es más que panceta y que un clínex es un pañuelo de papel. Es cierto y entono el mea culpa con arrepentimiento absoluto, ya que utilizo estas voces con frecuencia. Soy un ser contradictorio, qué se le va a hacer. No podemos escapar de las influencias de las lenguas extranjeras, igual que ellas no pueden escapar del español. Vivimos en un mundo globalizado en todos los aspectos. Todos hemos comido en McDonald’s a sabiendas de que la cocina mediterránea es objetivamente superior. Debemos, sin embargo, conservar ese pensamiento subyacente, ser conscientes de que en nuestra lengua existe una palabra sustitutiva que hay que cuidar y proteger, porque la lengua es vulnerable.

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar voces españolas para sustituir los extranjerismos innecesarios.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

Enlace:

Ortografía de la RAE: http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000015.nsf/%28voanexos%29/arch7E8694F9D6446133C12571640039A189/$FILE/Ortografia.pdf

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~ por lapiedrarosetta en 10 abril, 2010.

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