Hablemos de comillas

No sé muy bien cuándo las comillas se pusieron de moda, y no hay cosa más horrorosa que unas comillas mal puestas. De hecho, yo diría que son el signo de puntuación más revelador de la personalidad del que escribe. Y es que unas comillas mal puestas pueden indicar que estamos ante un autor vago, poco valiente o incluso desconocedor de las nuevas normas ortográficas.

En primer lugar permítame el lector de esta bitácora defender el uso de las comillas castellanas o angulares (« »). Según la RAE «se recomienda utilizar en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deban entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado». No son fáciles de encontrar en un teclado de ordenador, no señor, pero los patriotas que nos empeñamos en usarlas nos hemos buscado nuestros truquillos: utilice la combinación de teclas Alt+174 y Alt+175 para apertura y cierre respectivamente.

Todos conocen el uso de las comillas para la reproducción de citas textuales, tal y como se han usado en el párrafo anterior con la norma de la Academia. Y en ese caso lo suelen hacer bien, excepto cuando llega el final de la frase, que no se sabe si poner el punto dentro o fuera – quien dice punto, dice signo de interrogación o exclamación de cierre. El texto entrecomillado tendrá su puntuación independiente, así que no se extrañen si encuentran semejante sucesión de signos:  ?». No obstante, no se emocionen, porque con el punto esto no vale, o va dentro, o va fuera.

Hasta ahora, y según la versión online del Diccionario Panhispánico de Dudas, se podían encerrar también entre comillas vulgarismos, voces extranjeras o títulos de películas y también para marcar el uso metalingüístico de algún término. Pues bien, en la nueva ortografía – sí, ésa que odio porque me quita todas las tildes – recomienda el uso de cursiva en lugar de comillas en todos estos casos. Y es que queda mucho más discreto, no me digan que no.

De hecho hace no mucho me tocó revisar la traducción de un texto cuyo original estaba plagado de comillas sin justificación ortográfica alguna. El pobre traductor que escribía en inglés no sabía si pegarse al horroroso hábito del autor del texto original o ir por libre. Al final tomó la decisión acertada, y dejó las comillas – dobles, por cierto – donde las tenía el original. Y es que los traductores no somos más que mediadores y no debemos mejorar – y tampoco empeorar, por supuesto – los textos en español que nos mandan traducir. Quede constancia, no obstante, de que a veces dan ganas de mandarle al cliente su texto en español corregido, con rotulador rojo, claro.

Y es ahí donde se encuentra la fuente de mi queja al comienzo del presente artículo. Son especialmente molestas esas comillas bobas, sin ninguna justificación, que se colocan por ser moderno o vaya usted a saber por qué extraño motivo. Me refiero a cosas como: «Estoy un poco “pachucha”. » ¿Entre comillas, por qué? Si estás pachucha, pues lo estás, no hay que ponerlo entre comillas, mujer.

En fin, que sean ustedes valientes, que no se escuden en los signos de puntuación para atenuar el efecto de sus palabras, y menos en las comillas, que son una horterada y quedan fatal, como pelos despeinados en las cabecitas de las frases.

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~ por lapiedrarosetta en 3 marzo, 2011.

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