Hablemos de solo… sin tilde

Señoras y señores, sí, me he rendido. La guerra contra la nueva ortografía de la RAE que se funde la mayoría de las tildes diacríticas está prácticamente perdida y yo, que en el fondo soy una vendida, me bajo del barco antes de la batalla final.

No crea el lector que esta ha sido una decisión poco meditada, todo lo contrario, ha suscitado interesantes discusiones con varios colegas que han tenido a bien compartir su opinión conmigo y yo, ahora, las comparto con ustedes, a ver qué reflexiones pueden aportar al debate.

Una compañera traductora me decía que se declaraba en rebeldía contra la norma de la Academia porque “de alguna manera se tendrá que diferenciar al pueblo llano de los profesionales de la lengua”. Y es que según su opinión – que fue la mía durante un tiempo y que plasmé en esta bitácora – el conocimiento profundo de las normas ortográficas distingue a los traductores, filólogos y lingüistas de la plebe, y si esas normas se simplifican, ya no existirá tal distinción.

Explicándole esta postura a otro colega, en la profesión desde hace más de 30 años, entendí que estaba equivocada. Efectivamente, es el conocimiento de las normas ortográficas lo que nos diferencia a los expertos del público lego, pero debemos estar al tanto de las últimas novedades y no enfrascarnos en aquello que nos resulta más cómodo. Si la RAE decide que solo ya no lleva tilde, pues debemos dejar de ponerla. Hacerlo sería propio del desconocedor de la norma y no demostraríamos, como profesionales de la lengua, estar enterados de las normas vigentes.

Es cierto que en algunos casos no poner la tilde da cargo de conciencia, porque la ambigüedad puede llegar a ser tremenda, pero hemos de reconocer que no suele suceder con frecuencia. Ahora afirmaciones como «el delincuente perpetró cinco actos delictivos solo» habrán de ser reformuladas para no dejar al lector in albis.

Pero esto es como cuando la DGT establece el límite de velocidad en 110 km/h: se puede o no estar de acuerdo, pero no respetar la norma sería propio de necios e imprudentes. Y ya me dirán ustedes, pero yo no me considero necia, y mucho menos imprudente. Como siempre, les animo a discutir y comentar la entrada. Me interesa especialmente su opinión sobre este asunto.

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~ por lapiedrarosetta en 23 marzo, 2011.

3 comentarios to “Hablemos de solo… sin tilde”

  1. No puedo estar más en desacuerdo, la ambigüedad que se introduce es completamente innecesaria. Sí, hay que aplaudirle a la RAE el hecho de que el español escrito se encuentra en buena forma (basta con compararlo con el francés escrito) pero casi todas las modificaciones que propusieron en esta ocasión son o innecesarias o imprácticas.

    • Estoy de acuerdo en que la norma es fea, prácticamente asquerosa. En eso mi opinión no ha cambiado. Pero sí decido aplicarla. Volviendo a la analogía con la DGT, ir a 110 km/h es un tostón, pero qué remedio…

  2. Vamos, que al final, después de tantas vueltas, no es por el bien supremo ni nada de eso sino por simple clasismo 😛

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