Hablemos del Día del Libro

•17 mayo, 2010 • Dejar un comentario

Sin duda llego con retraso para felicitarles por el Día del Libro. Discúlpenme. Si les sirve de algo, disfruté del día leyendo El dardo en la palabra. Savia nueva para artículos inspirados. Si bien algunos de los temas que aborda Lázaro Carreter ya los hemos tratado en la presente bitácora y muchos otros ya estaban en la recámara, siempre es interesante saber qué tienen que decir los sabios al respecto.

Ya saben que el Día del Libro se celebra el 23 de abril por ser una fecha casi mágica: fallecieron ese mismo día de 1616 los maestros Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega – con algunas reservas que seguro el lector tendrá a bien comentar. A pesar  del halo de misterio y magia que rodea la efeméride, pocos la celebran. Sin duda muchos menos de los que celebran el Día de la Madre o San Valentín – he de reconocer que les tengo especial manía a estas celebraciones paganas, perdonen la ofensa las madres y enamorados.

Es una lástima, sin embargo, que no se haga coincidir la Feria del Libro de Madrid con el 23 de abril. Es cierto que en abril, aguas mil, y que quizás la meteorología es más favorable ahora para paseantes y expositores, pero ¿no sería precioso acercarse a la Feria a comprar un libro justo en ese día?  En fin, que lo mismo da el día de Santa Lucía que otro día, así que acudan masivamente a la Feria desde el 28 de mayo hasta el 13 de junio. Busquen, palpen, compren, charlen con los autores y disfruten de los libros.

El otro día estuve echándole un ojo a los libros electrónicos que ya nos acechan. Se me pusieron los dientes largos, la verdad. “Aún son caros, pero pronto bajarán”,  me repito a modo de mantra mientras miro el escaparate. A algún lector le vendrán a la cabeza los adjetivos hereje, traidor, modernillo de poca monta. ¡No se preocupe usted, que una cosa no excluye a la otra! El libro electrónico permite disfrutar de la lectura de una forma mucho más cómoda – en inglés dicen convenient, que me parece que limita esa connotación de vaguería que existe en la palabra comodidad. Pesa menos, se pueden almacenar varios libros al tiempo, incluso se dice que es menos perjudicial para la vista. No obstante, yo seguiré disfrutando del papel y de las estanterías llenas que se extienden poco a poco por la casa cubriendo paredes.

Lo dicho, acudan a la Feria con sus hijos, con su madre, con su enamorado, y compartan la magia de la lectura. Nos vemos allí.

Enlace a la página oficial de la Feria:

Y http://www.ferialibromadrid.comA7P6PG7D3XW

Hablemos de la RAE

•14 abril, 2010 • 12 comentarios

La Real Academia de la Lengua Española limpia, fija y da esplendor.

La Real Academia Española se fundó en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena. Felipe V aprobó su constitución el 3 de octubre de 1714 y la colocó bajo su “amparo y Real Protección”. Su propósito fue el de “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”. Se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol al fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor, obediente al propósito enunciado de combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI.

Si el marqués de Villena, Felipe V y demás ilustres figuras promotoras de esta iniciativa levantasen la cabeza, se la golpearían insistentemente contra la pared al ver el camino que ha tomado la RAE. Del maravilloso limpia, fija y da esplendor se ha pasado a una aberrante tendencia a la simplificación que va contra todos los principios fundacionales y fundamentales de la institución.

En un artículo anterior analizábamos las reglas de acentuación gráfica. Algunos lectores de este cuaderno de bitácora argumentaban que las normas son complicadas, lo cual puede ser discutible. Se sorprenderían, sin embargo, al comprobar la cantidad de modificaciones que se han llevado a cabo de éstas y cuán simplificadas aparecen el la actualidad. Cada vez existen menos excepciones y se tiende a tildar de oído (como también comentaba otro lector), lo cual quizás tenga como efecto positivo que el hablante atine más, pero desde luego va en detrimento directo de la lengua.

Hemos hablado también de la aceptación del leísmo, un fenómeno que sólo se da en las regiones del centro peninsular y que, para el resto de hablantes, es evidentemente erróneo.

Pero la simplificación afecta a todos los niveles, también al fonético. No existe ya, según la Academia, diferencia entre los fonemas /v/ y /b/. Para los lectores latinoamericanos, esta nueva norma será desconcertante, puesto que allá la posición de labios y dientes es claramente distinta. ¡Pues no! Como en la Península el sonido es el mismo, simplificar, simplificar, simplificar.

Más irritante es, sin embargo, la aceptación de ciertos modismos y vulgarismos cuya inserción en el DRAE no tienen perdón de Dios. En tiempos de la Inquisición los académicos de turno habrían sido condenados por herejía, cuanto menos. ¿Es posible justificar que asín o almóndiga se encuentren en el Diccionario? ¿Debería guay salir del DRAE?

Siempre me he imaginado las reuniones de académicos como una escena esperpéntica, de esas de Valle Inclán. Seguro que allí cada uno, sentado en su sillón correspondiente e hidratándose con un carajillo, habla de lo suyo sin escuchar a los demás. Y de ahí las decisiones lingüisticofestivas con las que nos sorprenden constantemente.

Sin duda, todos esos señores y señoras son sabios de la lengua y merecen mi absoluto respeto. Más quisiera yo … No obstante, veo necesario criticar la actitud y recordar a nuestros académicos la función inicial de la institución: fijar la lengua en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI, o al menos intentarlo protegiéndola de todos los agentes externos que la afectan.

No terminaré hoy con mi párrafo habitual, sino que animo al lector a participar en la encuesta que propongo.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

Hablemos de garaje y bricolaje

•10 abril, 2010 • Dejar un comentario

“Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.”

Gotthold Ephraim Lessing

Allá por tiempos de maricastaña, en primero de carrera, recuerdo andar con un rotulador permanente rojo por la calle corrigiendo faltas de ortografía. Sí, lo confieso, era un comportamiento obsesivo-compulsivo propio de la rebeldía juvenil. Hablando en plata: era friki, pero me estoy quitando.

Sin duda, la falta que más corregí fue ese garage que pronunciado en francés suena tan glamuroso, pero que leído en español desintegra la córnea. Puede consultar la norma concreta en la Ortografía de la RAE (véase el enlace al final del artículo), pero ésta reza más o menos así: se escriben con J todas las palabras terminadas en –aje o –eje. Las excepciones son pocas y raras.

Estas palabras son de uso tan común que ya no las percibimos como préstamos lingüísticos, pero lo son. Concretamente éstas provienen del francés, pero también hemos interiorizado préstamos del inglés (fútbol, penalti) y de otras muchas lenguas. Tomar prestado no está mal si los conceptos que se incorporan a la lengua propia no existen en ésta. Lo innecesario y antipatriótico (ahora que el adjetivo se usa como insulto), es ir hablando en extranjero cuando el español cuenta con una riqueza léxica maravillosa, labrada a lo largo de los siglos.

Por esta misma regla de tres, los préstamos han de españolizarse o adaptarse a la grafía española. ¿Por qué? La razón más práctica es beneficiar al propio hablante español, que se encontrará perdido y sin rumbo a la hora de escribir una palabra extranjera. Si no se lo cree, ande atento y busque la palabra whisky escrita en vitrinas y menús. Yo ya he visto nuges de pollo (por nuggets), Haway (por Hawái) y, el clásico, sandwichs (por sándwiches). ¿Para qué complicarle la vida al hablante de español medio cuando se puede escribir beicon o clínex?

Muchos argumentarán que el beicon no es más que panceta y que un clínex es un pañuelo de papel. Es cierto y entono el mea culpa con arrepentimiento absoluto, ya que utilizo estas voces con frecuencia. Soy un ser contradictorio, qué se le va a hacer. No podemos escapar de las influencias de las lenguas extranjeras, igual que ellas no pueden escapar del español. Vivimos en un mundo globalizado en todos los aspectos. Todos hemos comido en McDonald’s a sabiendas de que la cocina mediterránea es objetivamente superior. Debemos, sin embargo, conservar ese pensamiento subyacente, ser conscientes de que en nuestra lengua existe una palabra sustitutiva que hay que cuidar y proteger, porque la lengua es vulnerable.

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar voces españolas para sustituir los extranjerismos innecesarios.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

Enlace:

Ortografía de la RAE: http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000015.nsf/%28voanexos%29/arch7E8694F9D6446133C12571640039A189/$FILE/Ortografia.pdf

Hablemos del pretérito indefinido

•9 abril, 2010 • 4 comentarios

“El pasado tiene sus códigos y costumbres.”

Sócrates

Había pensado continuar con el capítulo de la acentuación hasta terminarlo, no obstante, abriré una nueva categoría, la de los tiempos verbales, y continuaré con las tildes más adelante. A raíz de que me enlazasen en Menéame (www.meneame.net) he recibido comentarios muy interesantes que me gustaría estudiar e incluir en próximos artículos. Aprovecho estas líneas para agradecer todas las críticas y loas de todo corazón.

Dijo Sócrates, en otro contexto, que “el pasado tiene sus códigos y costumbres”. Efectivamente, los tiene y  los abordaremos en el presente artículo. En primer lugar, aunque sobre decirlo, en español los tiempos del pasado se denominan pretéritos. A menudo, cuando pregunto a los alumnos en qué tiempo está un verbo, me dicen: “en pasado”. Quizás sea por asimilación con el inglés y sus past simple, past continuous, past perfect y past perfect continuous, o tal vez no, porque en inglés tampoco dan ni una, los pobres.

Sin duda, el error más recurrente en lo que se refiere a los tiempos verbales surge con el pretérito indefinido. Algunos hablantes conocerán este tiempo verbal como pretérito perfecto simple, ya que se utilizan ambas denominaciones. Según mi experiencia, en el ámbito de la enseñanza del español como lengua extranjera se utiliza más bien el término indefinido y en la asignatura Lengua y literatura para alumnos españoles, más perfecto simple.

El error que nos ocupa es esa -s que aparece al final de la segunda persona del singular (estuvistes, volvistes). Tiene su origen, probablemente, en la confusión que le surge al hablante entre la segunda persona del plural (vosotros vinisteis) y la del singular ( viniste).Venga de donde venga, ha de saber el lector que la cacofonía es tal, que chirría en los oídos como un millón de tizas raspando una pizarra. De hecho, la reiteración podría llegar a causar instintos asesinos.

Hilando con el artículo anterior, diré que el indefinido en segunda persona del plural no lleva tilde sobre la vocal de la terminación, ya que suelen ser palabras llanas (estudiasteis, salisteis). Esta observación aparentemente irrelevante puede cobrar importancia cuando expliquemos las tildes en diptongos e hiatos, ya que otros tiempos  sí se acentúan (vendréis, escondáis). Pero eso es harina de otro costal.

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar el pretérito indefinido correctamente.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.

Enlaces:

Por cierto, el otro día me tachaban de talibán ortográfico. Aprovecho para enlazarles a un documento muy divertido. No lean solamente las confesiones del propio talibán, también el comentario es hilarante. http://www.burbuja.info/inmobiliaria/guarderia/111968-dedicado-al-talivan-confesiones-de-un-taliban-ortografico.html

Hablemos de los pronombres personales átonos

•6 abril, 2010 • Dejar un comentario

“Las lenguas siempre tienen veneno que propagar.”

Jean-Baptiste Poquelin (Molière)

Dice el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD – http://www.rae.es) que “los pronombres personales átonos son aquellos que funcionan como complemento verbal no preposicional (Ya te lo he dicho) o como formante de los verbos pronominales (Ahora me arrepiento)”. Sus formas son me, te, se, nos, os y lo, la, los, las, le, les. Con el primer grupo, en principio, no surge ninguna dificultad, al menos para el hablante nativo. Aparecen las dudas, sin embargo, ante el segundo grupo, los pronombres correspondientes a la tercera persona. Hablamos, por tanto, de leísmo, laísmo y loísmo.

La culpa la tienen los hablantes de la Edad Media que, a pesar de tener entre manos la inmensa responsabilidad de cargar con la evolución temprana del español, se dedicaron  a otros menesteres de carácter más bien bélico y se inclinaron por dar más importancia a la diferencia entre masculino y femenino, por un lado, y entre cosa y persona, por otro. No obstante, durante la Reconquista, el fenómeno no estaba suficientemente extendido como para instalarse en la norma andaluza y tampoco caló en el español atlántico.

Por tanto, estos fenómenos están más o menos extendidos dependiendo de la región geográfica que consideremos. No olvidemos que el español es la segunda lengua más hablada globalmente por número de personas que lo tienen como lengua materna y que los españoles y castellanos somos una reducidísima minoría. Precisamente el leísmo, quizás el fenómeno más extendido y tolerado, se circunscribe a la zona central de la Península, a Castilla. Por tanto, si el presente artículo no le pareciese esclarecedor al lector, siempre podrá acudir a un conocido asturiano o mexicano que tendrá la diferencia entre el pronombre de complemento directo y el de indirecto clara como el agua.

Dicho esto, explicaremos, en primer lugar, qué diferencia existe entre el complemento directo y el complemento indirecto. En verdad, la propia denominación sintáctica ya nos da algunas pistas. Es indirecto aquel complemento que se vale de la preposición a (también para) para unirse al verbo (Di un ramo de flores a mi madre) y directo aquel que se une a éste directamente (Di un ramo de flores a mi madre). La duda surge cuando el complemento directo se refiere a una persona, porque la lengua es tramposa y los hablantes somos torpes. Al ser el CD una persona, aparece inevitablemente la preposición a liderando la conga y ya no sabemos si aquello es directo, indirecto o vaya usted a saber qué.

Por norma general (aunque no como truco infalible, porque en esto de la lengua dos y dos nunca son cuatro), siempre tiene que aparecer antes el CD que el CI. Es decir, que si el verbo lleva un solo complemento cabe pensar, con razón, que será CD y que, por lo tanto, habrá que utilizar los pronombres lo, la, los, las. Ilustremos la explicación con un breve ejemplo: Yo quiero mucho a mi padre. ¿Directo o indirecto? ¿Vemos algún otro complemento? No. Entonces será directo. Por tanto, yo lo quiero mucho. El lector castellano estará flipando en colores. Trate de recuperarse y continúe leyendo.

Si tenemos dos complementos, será indirecto el precedido por a. Ejemplo: Escribo cartas a mi novio. Le escribo cartas. Y si queremos utilizar dos pronombres, se las escribo, porque le y les cambian a se si detrás llevan lo, la, los, las.

Algún tozudo conquense podrá alegar que el leísmo es un fenómeno aceptado por la RAE. Es cierto, lo reconozco, pero ya hablaremos de la RAE y de sus decisiones lingüisticofestivas. No obstante, en este caso parecen justificarse en el uso de le – les como el dativo de nuestra lengua padre, el latín. El dativo, en general, equivale al complemento indirecto del español, pero no siempre. Por ejemplo, en latín, el verbo ayudar rige dativo (y esto se ve muy bien en lenguas que aún declinan, como el alemán – ich helfe dir), aunque el complemento que lleva es directo. Así, tiene justificación que digamos le ayudé, aunque lo verdaderamente correcto sería lo ayudé.

En cuanto al laísmo y el loísmo, nos basamos en los mismos preceptos expuestos sobre estas líneas. Sólo se utilizará el pronombre la cuando sustituyamos un CD femenino (la quiero mucho) y el lo, uno neutro o masculino (me lo dijo, lo conozco).

En cuanto el lector comience a hacer uso de las normas anteriormente expuestas, comprobará que la dificultad disminuye rápidamente y que, en cuanto se es consciente del error, es fácil corregirlo. Les animo a dejar comentarios, dudas y aportaciones y, sobre todo, a usar los pronombres personales átonos correctamente.

Recuerde: El uso de la lengua es un derecho y su correcta difusión, una obligación.